En la Secundaria José Vasconcelos sabemos que la adolescencia implica numerosos cambios a nivel físico, social y emocional, lo cual puede generar momentos de confusión e incertidumbre. Reconocer lo que sentimos y aprender a expresarlo de forma adecuada no solo beneficia el bienestar individual, sino que también mejora la convivencia en el hogar y en el entorno escolar. A continuación, presentamos reflexiones y consejos dirigidos a padres y alumnos que buscan fortalecer sus habilidades emocionales.
Durante esta etapa, es habitual experimentar intensamente la alegría, la tristeza, el enojo o la vergüenza. En ocasiones, estos estados emocionales pueden ser tan fuertes que resulta difícil ponerles nombre o encontrar la mejor manera de manifestarlos. Por ello, una primera estrategia consiste en observar y reflexionar sobre las reacciones que surgen a lo largo del día. Tomarse unos minutos para analizar qué se está sintiendo y preguntarse por qué puede ayudar a identificar con mayor claridad las causas y las consecuencias de las emociones, abriendo la puerta a un manejo más consciente de cada una de ellas.
Cuando somos capaces de describir de manera concreta lo que sentimos, evitamos la confusión y logramos comunicarlo con mayor efectividad. Utilizar expresiones como “me siento incómodo”, “estoy triste” o “me noto ansioso” hace que los demás comprendan mejor nuestras necesidades y, a la vez, nos enseña a nosotros mismos que existe un lenguaje específico para cada emoción. Si, además de esto, procuramos respirar con calma antes de hablar, la probabilidad de reaccionar impulsivamente disminuye, y facilitamos una conversación más tranquila y constructiva. Practicar la respiración profunda, inhalar y exhalar con consciencia, también reduce el estrés y permite que el cuerpo se relaje.
La comunicación asertiva es otro pilar fundamental para expresar las emociones de forma saludable. Esta consiste en explicar lo que sentimos sin atacar a la otra persona y reconociendo su perspectiva. En lugar de usar frases de reproche, conviene optar por mensajes personales, del tipo “yo siento…” o “me preocupa cuando…”. De esta manera, se fomenta la empatía y se evitan los juicios. Es también importante mantener un tono de voz adecuado y elegir el momento oportuno para tener conversaciones sensibles, ya que expresarnos en medio de discusiones o tensiones puede derivar en malentendidos.
Por otra parte, la creación de espacios familiares de diálogo y escucha activa fortalece el vínculo entre padres e hijos. Programar un rato a la semana para hablar sobre los retos escolares, las alegrías, las frustraciones o las inquietudes cotidianas fomenta la confianza y previene la acumulación de malestares. Escuchar sin interrumpir y mostrar una actitud de interés genuino ayuda a los adolescentes a sentirse comprendidos y valorados. Esta práctica también enseña a los padres a comprender mejor las emociones que emergen en la adolescencia y a brindar herramientas de apoyo.
Cuando la intensidad de las emociones sobrepasa los recursos personales, es recomendable buscar acompañamiento profesional. Orientadores, psicólogos y terapeutas pueden proporcionar técnicas específicas para el manejo de la ansiedad, la ira o la tristeza, contribuyendo a que los jóvenes desarrollen habilidades de autorregulación. Asimismo, en la Secundaria José Vasconcelos contamos con un equipo de apoyo que ofrece orientación y actividades enfocadas en el fortalecimiento socioemocional, con el fin de acompañar a los estudiantes en su crecimiento integral.
No debemos olvidar que todas las emociones son válidas y desempeñan un papel importante en nuestra vida. Sentir enojo o tristeza no es negativo en sí mismo; lo esencial radica en expresar esas sensaciones de manera que no dañen a otros ni a nosotros mismos. Además, encontrar vías creativas para canalizar nuestras emociones, como la música, la pintura, la escritura o el deporte, puede servir de gran ayuda para liberar tensiones y promover la autoconfianza.
Al final, lo más valioso es reconocer que cada familia y cada joven tienen realidades distintas. Practicar la comunicación abierta, la empatía y la autorreflexión son hábitos que, si se fortalecen a diario, pueden marcar la diferencia en el bienestar emocional de todos. Desde la Secundaria José Vasconcelos, invitamos a estudiantes y padres a trabajar juntos en el desarrollo de una salud emocional sólida, donde cada uno aprenda a reconocer, validar y expresar sus sentimientos de una manera constructiva, formando así una comunidad más empática y unida.